jueves, 17 de julio de 2008

Unidad II Gnoseología: El criticismo: Kant

El criticismo: Kant

El alemán Immanuel Kant (1724 - 1804) es uno de los filósofos más importantes de todos los tiempos. Sus contribuciones a los temas rela­cionados con el problema del conocimiento han influido notablemente en la filosofía contemporánea.
Su postura ha sido denominada "criticismo" debido a su propuesta de realizar una "crítica de la razón". Esta crítica no consiste en desestimar a la razón como facultad de conocimiento, sino en evaluar pormenorizadamente (SIG describir minuciosamente) sus posibilidades y límites.
Para Kant "el conocimiento comienza con la experiencia pero no se origina en ella". Esta distinción entre "comienzo" y "origen" es muy im­portante para comprender su filosofía.
Kant responde a Descartes y a Hume, reconociendo sus aportes y cri­ticando sus posiciones. Está de acuerdo con Hume en que no existen ideas innatas. No hay en nuestra razón contenidos que sean "a priori". Pe­ro no es cierta la afirmación de los empiristas de que la mente es como un "papel en blanco".
Si la mente fuese un papel en blanco, el sujeto recibiría un caos de impresiones y no podría armar con ello una experiencia. Lo que llamamos experiencia no es equivalente a la recepción pasiva de impresiones sino que supone un cierto orden y algún sentido. Percibir colores, formas, tex­turas, olores, no configura por sí mismo una experiencia. Es el sujeto el que ordena lo que le viene dado a través de los sentidos. ¿Cómo logra or­denar esas impresiones? Su razón es la que permite este armado. La ra­zón no posee ideas innatas pero posee estructuras a priori en las que las impresiones se organizan.
Es el sujeto cognoscente el que ubica las impresiones espacio-temporalmente. Que las impresiones aparezcan como sucesivas en el tiempo (antes-después) y ubicadas espacialmente (en frente-al costado-arriba-abajo) es resultado de la actividad del sujeto. Conocer no es equivalente a una recepción pasiva de impresiones ni a un mero análisis de ¡deas que ya están en nosotros. Conocer es el resultado de la relación entre impresiones que provienen de la realidad y estructuras de la razón que son aportadas por el sujeto.
Las impresiones son el estímulo indispensable para que la facul­tad de conocer (que es propia de la razón) se ponga en actividad El sujeto cognoscente no se limita a recibir impresiones sino que aporta un conjunto de formas a priori que moldean la experiencia. Las impresiones proporcionan la materia del conocimiento, la razón proporciona la forma en la que estas impresiones se insertar Por esto, Kant afirma que las impresiones sin las formas de la razón son ciegas, y las formas de la razón sin las impresiones son vacías.

Fuente: Schujman Gustavo. “Filosofía”, Ed Aique, Buenos Aires, 2007.


miércoles, 16 de julio de 2008

Unidad II Gnoseología: Racionalismo y Empirismo

El racionalismo: Descartes Renato


Renato Descartes, filósofo francés que vivió entre los años 1596 y 1650, se propuso rechazar el método de autoridades propio de la filo­sofía medieval y establecer bases sólidas para la ciencia moderna que comenzaba a desarrollarse en su época (gracias, fundamentalmente, a la labor de Galileo Galilei). Descartes busca fundamentar la posibilidad de un conocimiento absolutamente seguro, objetivo, necesario y uni­versal. Se propone fundar el saber sobre bases cuya firmeza esté más allá de toda sospecha. Para ello, Descartes proyecta dudar de todo has­ta hallar alguna evidencia que sea absolutamente indubitable. Su plan es no aceptar nada que sea dudoso y sólo dar por válido lo que sea ab­solutamente cierto. Lo que este filósofo desea es ver sí dudando de to­do queda algo que se resista a la duda. Esta duda que Descartes deci­de aplicar a todo es una duda metódica pues es el camino para llegar a la verdad (si es que esta verdad existe).
En vez de dudar de cada saber particular, lo que sería una tarea in­finita, Descartes aplica la duda metódica a las fuentes del conocimien­to, es decir, a la sensibilidad y a la razón. Si estas fuentes son dudosas, entonces todo lo conocido a través de ellas también lo será.
Su crítica al saber proveniente de la sensibilidad es sencilla: los sentidos a veces nos engañan pues en ocasiones nos ha ocurrido creer ver algo y luego comprobar que era otra cosa (por ejemplo, ver un ar­busto á la distancia y descubrir luego que era un hombre). Si nos en­gañan deben ser desechados por ofrecer conocimientos dudosos. :
Su crítica al saber proveniente de la razón es, en -cambio, más compleja. No es posible dudar de las verdades a las que llegamos a través de la razón: "el todo es mayor que las partes", "todo" objeto es idéntico a sí mismo", "dos más dos es cuatro". Sin embargo, dice Descartes, podría ocurrir que un dios maligno (un demonio) me esté en­gañando y me haga creer que es absolutamente cierto lo que es falso. Si ese demonio existiera, ningún saber sería seguro pues mi razón estaría siendo engañada por un ser superior y trascendente.
En este punto, al postular la hipótesis de un dios o genio maligno, Descartes llega al extremo de su duda y se encuentra en la más abso­luta incertidumbre. Sin embargo, es en este extremo cuando el filóso­fo francés alcanza la primera verdad absolutamente indubitable: aun cuando el genio maligno pudiera engañarme en todo no podría enga­ñarme acerca de lo siguiente: que estoy dudando. Y si estoy dudando, entonces existo. La evidencia del propio pensamiento y del propio existir, es la base de la posibilidad de un conocimiento seguro.
Sin embargo, si existiera el genio maligno sólo podría asegurar es­ta evidencia y ninguna más. Por ello, Descartes se empeña en refutar la posibilidad de la existencia de este ser.

Dios como garantía del conocimiento
Para desechar la posibilidad de la existencia del genio maligno, Descartes indaga cuáles son las ideas que hay en el pensamiento.
Su argumento es el siguiente: sólo sé que pienso y que, por lo tan­to, existo. ¿Cuáles son las ideas que hay en mí? Una de esas ideas es la idea de Dios. Es la idea de un ser perfecto. ¿Cómo llegó esa idea a estar en mí? Yo no puedo ser la causa de esa idea pues yo soy un ser, imperfecto (puesto que dudo) y lo imperfecto no puede ser causa de lo perfecto (ya que el efecto no puede ser mayor que su causa). Por lo tanto, la causa de la idea de un ser perfecto es una idea innata que fue puesta en mí por un ser perfecto, es decir, por el mismo Dios. Des­cartes cree haber demostrado, de este modo, y por métodos exclusi­vamente racionales, la existencia de Dios.
Dios existe y, como es perfecto, no puede ser engañador. De este modo se restablece la confianza en el conocimiento racional, ya que Dios es la garantía de que lo evidente es verdadero. Y son evidentes las verdades de la razón (por ejemplo, los principios matemáticos). En cambio, el saber sensible sigue siendo poco confiable aunque Dios exista, ya que es una facultad que en más de una ocasión puede fa­llar y mostrarnos como verdadero lo que es falso.
En suma, Descartes logra dudar de todo aplicando la duda metódi­ca a los saberes sensible y racional. Este camino de la duda se detie­ne ante la primera verdad absolutamente indubitable ("dudo, enton­ces existo"). Desde esta evidencia, el filósofo francés deduce otra ver­dad: "Dios existe". Y esta segunda verdad funciona como garantía de todas las verdades evidentes a las que se llega a través de la razón.
El racionalismo de Descartes, como otras posturas racionalistas posteriores, sostiene que el verdadero conocimiento es aquel que se logra con la sola y exclusiva ayuda de la razón, sin recurrir a la expe­riencia, a los sentidos.

El empirismo: Hume David

El término "empirismo" deriva de una palabra griega: empeiría. Empeiria significa "experiencia". El empirismo es la postura que sostiene la tesis contraria al racionalismo. No es la razón sino la experiencia la única fuen­te del conocimiento, y sin la experiencia no es posible ningún saber.
La mente es como un "papel en blanco" en el que la experiencia va es­cribiendo. No existe nada "a priori", ni ideas perfectas que el alma haya co­nocido en otro mundo (como afirmaba Platón) ni ideas innatas (como afir­maba Descartes). Uno de los exponentes más destacados del empirismo fue el filósofo inglés David Hume, quien vivió entre los años 1711 y 1776.
Para Hume todo conocimiento procede de la experiencia externa (la que proviene de los sentidos) y de la experiencia interna (estados de ánimo del sujeto, fenómenos psíquicos). A las percepciones directas Hume las llama "impresiones" (por ejemplo, sensaciones de dolor, per­cepciones de color, de textura, etcétera). Las impresiones se diferen­cian de las percepciones indirectas o derivadas, a las que Hume llama "ideas" (por ejemplo, los recuerdos o las fantasías). Las ideas se deri­van de las impresiones y la diferencia entre impresiones e ¡deas es de vivacidad o intensidad. El recuerdo de un dolor es mucho menos inten­so y vivaz que el dolor mismo.
Para Hume todos nuestros conocimientos derivan directa o indirec­tamente de impresiones. Incluso las ideas más complejas provienen de ellas. Y no existe ninguna idea que no tenga su origen en alguna im­presión. Esto vale también para las fantasías. Por ejemplo, la idea de "centauro" se compone de las impresiones de caballo y de hombre.
La misma idea de Dios deriva de la experiencia. Es una idea que no es más que la reunión y multiplicación al infinito de ideas sobre cua­lidades características de los humanos. Sé por experiencia que tengo cierto saber, que tengo cierto poder, que tengo cierta bondad. Son cua­lidades que en mí son imperfectas. Multiplico al infinito las ¡deas de saber, de poder y de bondad y construyo la idea de un ser en el que se dan la sabiduría infinita, el poder absoluto, la bondad perfecta. La idea de Dios no es, como afirmaba Descartes, una idea innata sino una idea compleja que conjuga diversas ideas derivadas de sus correspondien­tes impresiones y multiplicadas al infinito.
De estas reflexiones, Hume extrae el criterio para determinar la va­lidez de las ideas. Para que una idea tenga valor cognoscitivo, es pre­ciso que copie o represente fielmente una impresión. Una idea es váli­da cuando concuerda con las impresiones de las que deriva. Si no con­cuerda con ninguna impresión (como en el caso de la idea de 'centau­ro') no es válida, no es objetiva.

Fuente: Schujman Gustavo. “Filosofía”, Ed Aique, Buenos Aires, 2007.

Unidad II Gnoseología: Posibilidad, alcance y límites del conocimiento


Posibilidad, alcance y límites del conocimiento

El problema de la "posibilidad" del conocimiento se vincula, por una parte, con lanaturaleza de los objetos y, por otra, con la capacidad del sujeto para alcanzar un saberexhaustivo acerca de esos objetos. En este punto resulta de interés distinguir entre unsaber cualquiera, y un saber riguroso y verdadero, puesto que la capacidad de conocerno es suficiente garantía para admitir que los resultados de conocimiento constituyantodo el saber acerca del objeto considerado
¿Hasta dónde alcanza el conocimiento humano? ¿Cuáles son sus límites? ¿En qué condiciones podemos afirmar sin contradecirnos que las cosas son de un modo u otro? Las respuestas a estas cuestiones han sido, como se podrá suponer, muy variadas, pero todas ellas pueden ser incluidas en una de las dos siguientes soluciones límites:

Dogmatismo gnoseológico. Todo es cognoscible tal como es.

Escepticismo gnoseológico. Nada es cognoscible tal como es.


El origen del conocimiento
El problema del origen del conocimiento se planteó fundamentalmente asociado a cuestiones de justificación pues, metodológicamente hablando, no es suficiente un saber adquirido acerca de determinada realidad; es indispensable, además, disponer de un criterio que permita reconocer si ese saber es verdadero o falso.
Cuando un conocimiento inferido es demostrativo, sucede que si el conocimiento que sirve de principio (o premisa o antecedente) es verdadero, entonces también será verdadero el resultado de esa inferencia. En la demostración, la verdad garantiza la verdad, y en este privilegio de la inferencia demostrativa descansa la siguiente afirmación de Aristóteles: "Es necesario que la ciencia demostrativa parta de premisas que sean verdaderas, primeras, inmediatas, más conocidas que la conclusión, anteriores a ella, y de la cual ellas son sus causas." (Anal. Post. I, 2 a 20.)
Así, pues, si es posible obtener un conocimiento inmediato de juicios necesaria y universalmente verdaderos, entonces todo lo que se deduzca de ellos será, asimismo, verdadero, y la ciencia demostrativa que partiera de tales principios tendría así garantizada la validez de sus argumentaciones (por la deducción) y la verdad de sus conclusiones (por la verdad de sus principios).
Pero, ¿hay conocimiento inmediato que pueda ser declarado incondicionalmente verdadero?; ¿hay verdades primeras que puedan ser consideradas anteriores a cualquier otro conocimiento?; si las hay, ¿dónde se originan, en la razón o en la experiencia?; si se originan en la razón, ¿cómo es posible que puedan dar información acerca de la experiencia puesto que no dependen absolutamente de ella?; si se originan en la experiencia, ¿cómo es posible que sean incondicionalmente verdaderas en tanto que la inferencia no-demostrativa no puede garantizar la validez ni la verdad?
Estos son algunos de los interrogantes implicados en la cuestión sobre el origen del conocimiento lo que, de hecho, ha complicado notablemente las respuestas al problema. Las diversas soluciones han sido agrupadas en las tres posiciones siguientes, que, aunque no son las únicas, son las más consagradas:

1. Racionalismo gnoseológico. Todo conocimiento tiene origen en la razón.

2. Empirismo gnoseológico. Todo conocimiento tiene origen en los sentidos.
3. Apriorismo kantiano. Todo conocimiento comienza (temporalmente) en la experiencia, pero no todo conocimiento deriva (causal o lógicamente) de ella.


Fuente: Colacilli de Muro, “elementos de lógica moderna y filosofia” ED Estrada, Buenos Aires, 1985.

lunes, 14 de julio de 2008

Unidad II Gnoseología: Nociones básicas de gnoseología

Nociones básicas de Gnoseología


Frente al conocimiento el hombre adopta varias actitudes:

1_Ignorancia: es no conocer, es decir, no tener relación con la verdad.
Tipos de ignorancia:
Ignorancia de aquel que no busca conocer, ni se interesa por saber.
Ignorancia de aquel que sabe muchas cosas e ignora otras, pero quiere aprender.
Ignorancia sabia, como la de Sócrates “ sólo sé que no sé nada”.
2_ Duda: es por un lado, indecisión, ya que la mente esta entre la afirmación y la negación de un juicio.
Por otro lado, la duda es suspender el juicio, ya que no tengo los elementos necesarios para afirmarlo. Seta es la duda del sabio( Ej.: Renato Descartes)
3_ Opinión: es probabilidad. Si tengo dos alternativas me inclino más por una que por otra, aunque no este del todo seguro. Ya que, lo que opino puede no ser verdadero.
4_ Verdad: es la adecuación del entendimiento con la cosa u objeto. Ej.: si digo el buzo es azul, debe adecuarse el objeto ( o cosa) “buzo” con mi afirmación de que es “azul”.
5_ Certeza: es reconocer la verdad dado que hay una evidencia. Es por ello, que la certeza viene después de hallarse en la verdad.

6 _Falsedad: es lo contrario de la verdad. El pensamiento no se adecua con la cosa (u objeto). Al no adecuarse la cosa con el pensamiento no hay conocimiento.
7_ Error: es la consecuencia de la falsedad. Es creer que conozco la verdad, cuando en realidad no la conozco, ya que, valoro como verdadero algo falso.
Fuente: Guarna Mirta “filosofia” Editorial Saint –claire, Buenos Aires, s/a, Pág. 150-151

domingo, 13 de julio de 2008

Unidad II: Gnoseología



¿Qué es el conocimiento?

La pregunta ¿qué es el conocimiento? ha sido abordada a lo largo de la historia de la filosofía. Incluso, los problemas relacionados con el co­nocimiento han dado lugar a ramas de la filosofía llamadas "Teoría del conocimiento", "Gnoseología", o "Epistemología".
Algunos autores han intentado describir lo que sucede cuando se da el fenómeno del conocimiento. El conocimiento es un tipo de relación que se establece entre un sujeto y un objeto. No podría haber conoci­miento si faltara alguno de estos polos de la relación. Sujeto y objeto son conceptos interdependientes: sólo puede haber objeto de conocimiento para un sujeto cognoscente y alguien es sujeto cognoscente si tiene an­te él a un objeto de conocimiento. Por ejemplo, si un científico está in­teresado en estudiar el fenómeno de los sueños, entonces los sueños pa­san a ser su objeto de conocimiento y el científico, al investigar ese ob­jeto, cumple el roi de sujeto cognoscente.
El conocimiento implica una acción del sujeto. En principio, esta acción consiste en atender a un aspecto de la realidad y en transformarla (por medio de esa atención) en objeto. La realidad que nos rodea nos ofrece in­finidad de fenómenos, muchos de ellos muy complejos. Pero la actividad del conocimiento no se aplica a toda la realidad, sino a un aspecto de ella que (por diversos motivos) nos interesa especialmente. Si, por ejemplo, queremos conocer el comportamiento de un ciervo, observaremos lo que hace en su hábitat y dejaremos de lado todo lo que no tenga que ver con nuestro interés (el tipo de plantas que se encuentren en ese hábitat, el rui­do de un arroyo cercano, la presencia de unos insectos que no molestan a este animal ni influyen en su comportamiento, etcétera).
¿Cuándo se da el conocimiento? El conocimiento tiene lugar cuando el sujeto cognoscente logra captar o aprehender características esencia­les del objeto. Las características esenciales de un objeto son aquellas que lo hacen ser lo que es, aquellas que lo definen. Siguiendo con el ejemplo anterior, el ciervo que observamos tiene características particu­lares (el tamaño de sus cuernos, las manchas en su cuerpo) que no son esenciales a los ciervos sino que son accidentales (ese tamaño podría ser menor o esas manchas podrían tener otras formas). Obtendremos un co­nocimiento si logramos captar aquellas características que sí son esen­ciales a la especie de los ciervos (el modo en que obtiene el alimento, la manera en que se comunica con otros ciervos para alertarlos sobre la presencia de un animal que puede atacarlos).
Los problemas del conocimiento

En la actualidad, difícilmente alguien dude de la posibilidad de cono­cer y de los alcances del conocimiento.
Los avances científico-tecnológicos nos muestran la capacidad huma­na para comprender los fenómenos de la naturaleza y de la sociedad. Sin embargo, esa evidencia es reemplazada por la duda cuando se toma con­ciencia de la inseguridad de gran parte de nuestros conocimientos. Y pro­blemas planteados por diversos filósofos desde los inicios de la filosofía, si­guen teniendo vigencia y siguen discutiéndose hoy.
Estos problemas son, al menos, tres:

1)El problema de la posibilidad del conocimiento:
¿Es posible co­nocer? Parece una pregunta absurda si tenemos en cuenta todo lo que los seres humanos han logrado descubrir y comprender. Lo que se plan­tea, en este problema, es si es posible captar y aprehender la realidad tal cual es. Dicho de otro modo, si es posible un conocimiento objetivo, ne­cesario y universal. Como veremos en este capítulo, los sofistas y los escépticos niegan la posibilidad de un conocimiento objetivo. Para ellos, el conocimiento deriva de nuestras sensaciones y es, por lo tanto, subjeti­vo y relativo. Para los dogmáticos, en cambio, es posible un conocimien­to certero y objetivo.

2) El problema del origen del conocimiento:


¿Cuál es el origen del conocimiento? ¿Cuáles son las fuentes del conocimiento? Estas pregun­tas indagan sobre cuáles son las facultades o capacidades humanas que nos permiten conocer. Desarrollaremos tres posturas que intentan res­ponder a esta cuestión: la racionalista, la empirista y la criticista. Según los racionalistas, ¡a razón es la facultad humana que hace posible el co­nocimiento. Para los empiristas esa facultad no es la razón sino la expe­riencia. Para la postura criticista, no puede haber conocimiento sin la in­tervención de ambas facultades.

3) El problema del alcance del conocimiento:

¿Cuáles son los alcan­ces o límites del conocimiento? ¿Qué se puede conocer? La respuesta a este problema depende de cómo haya sido resuelto el problema anterior: si la postura es racionalista, puede no haber límites para el conocimien­to; si la postura es empirista, sólo se podrá conocer lo que se presenta a la experiencia humana; si la postura es criticista, también el conocimien­to se limitará al mundo de la experiencia.
Fuente: Schujman Gustavo, "filosofía", Ed Aique, Buenos Aires, 2007, Pág 59.

viernes, 11 de julio de 2008

Unidad I Introducción a la filosofía: Platón

De Platón a Matrix:

Sobre la realidad: construcción, simulación y engaño
"Bienvenidos al desierto de lo real", Jean Baudrillard, Simulacros y simulación; Morfeo, The Matrix.

Hasta aquí, hemos venido pensando en las formas posibles para acceder al conocimiento, en los recorridos que transitamos para acceder a la verdad, en los diversos modos del razonamiento. En este último capítulo, indagaremos en la rea­lidad, en las formas en que leemos, nos representamos e, incluso, adherimos a algo que interpretamos como la realidad. Y nos detendremos en el cine y en los medios. En el cine, a partir de dos películas: Matrix (1999, Larry y Andy Wachowski) y El show de Truman (1998, Peter Weir), que recomendamos que vean antes de iniciar la lectura de los artículos que siguen.
Tanto el cine como los medios son instrumentos, formas de expresión propios de nuestra época. De ahí que, a través de ellos, nos sea posible indagar en aque­llo que se entiende, se muestra, se construye como realidad a los ojos del espec­tador, del lector. En relación con las películas propuestas, hemos seleccionado dos films que, a su vez, tematizan esta problemática, esto es, la ponen en escena y, a través del relato, reflexionan sobre ella. Y el recorrido, en este caso, nos obliga a volver a Platón, a la alegoría de la caverna, para repensar cuestiones que ya el filósofo griego había planteado, pero ahora en el marco de nuestra cultura contemporánea. La caverna se ha transfor­mado en un cine, en una pantalla de televisión, en un mundo virtual.

"Platón en el cine" por Luis Dib (Prof de Filosofía, I.S.F.D Nº21 "Dr Ricardo Rojas")

Hace más de dos mil años, Platón, en aquel memorable texto de la República, comparaba a la condición humana con prisioneros en una caverna. Estos, desde su nacimiento estaban encadenados obligados a mirar el fondo de la caverna, donde veían sombras o escuchaban ecos de voces, y naturalmente tomaban esto como la realidad. Leída esta alegoría desde nuestra época, la situación se parece a un cine o a un grupo de personas viendo televisión. Curiosamente se está obser­vando que muchos filmes han tomado como tema central cuestiones que Platón ha planteado en la famosa alegoría. Dicho de otra manera, la alegoría de la caver­na se asemeja al cine actual, y parte del cine actual se parece a la alegoría.


Películas como The Matrix (1999, Larry y Andy Wachowski) o The Truman Show (1998, Peter Weir), por nombrar las más conocidas, han planteado que la realidad puede ser disfrazada, simulada, por lo tanto, oculta a los ojos de quienes tienen el poder de advertir el engaño. Esta temática se actualiza debido a algunos desafíos que surgen en nuestra cultura tecnológica. Por un lado, la posibilidad que poseen las nuevas tecnologías para crear nuevas realidades o para simular la rea Por otro, el poder omnímodo de los medios de comunicación, para manipular o al menos distorsionar la realidad.
The Matrix plantea un futuro en el cual la humanidad está controlada por una máquina que mantiene a todos los seres humanos viviendo, desde su nacimiento en un mundo virtual. La realidad cotidiana es una construcción hecha por computadora (la Matrix) que somete como esclavos a la humanidad. Hay sólo un pequeño grupo de liberados que combate contra ese poder tecnológico.
La realidad tal cual la entendemos no existe. Es un engaño, una distorsión de la verdad. “¿Nunca te preguntaste si las cosas son tal como te parecen?”, dice Morfeo, uno de los personajes de The Matrix.
Hay una cierta complicidad que nuestro espíritu parece tener con la falsedad esto colabora a esta lejanía con la realidad. Parece que no podemos soportar la realidad tal como es, pero sí podemos arreglárnosla con las apariencias. Lo cual en algunas circunstancias puede ser hasta conveniente. Cuando Platón hace decir a Sócrates que ningún hombre que haya conocido la realidad tal como es de ninguna manera envidiaría su anterior condición, está poniendo un imperativo que surge de su humanidad, la búsqueda de la verdad. Pero este deseo, tan puede ser obnubilado. Platón de alguna manera vio que también otros hombres encuentran bastante dura la verdad, por lo cual prefieren las comodidades y beneficios de las apariencias. Vivir en la ficción, en la simulación, en la actitud del no querer ver, puede llegar a tener sus gratificaciones.
En The Matrix uno de los personajes, que pertenece al grupo que ha sido liberado de su sueño virtual, se queja de la comida que tiene que comer en el refugio de los rebeldes, piensa que en la matrix, aunque la realidad sea simulada, la vida puede ser mejor, incluso no importa tanto si las sensaciones son reales o virtuales. El querer ver la verdadera realidad, entonces, es una decisión existencial exige esfuerzo, a la verdad se llega por un camino escarpado, a la falsedad es necesario deslizarse como por un tobogán.


 Fuente: Sociedad, ciencia y cultura contemporánea, Editorial Eudeba, Bs. As, 2007, Pág. 36-37.

  • Videos sobre Platón realizados por alumnos de la EESN°10 "16 de septiembre" ciclo lectivo 2014 ("Mi Barrio", Moreno, Pcia de Buenos Aires) 

Alumnos: Zabala, Toscanelli, Sena, Lange, Delgado y Baez.


Alumnos: Vazquez, Amaya, Surbete, Fernandez y Garcia.

Alumnos:  Riquelme, Venditti, Azamor y Rojas.


Unidad I Introducción a la filosofía: Sócrates


Sócrates

En la Grecia del siglo IV antes dé Cristo, más precisamente en Atenas, vivía un filósofo llamado Sócrates. Este hombre era un ciudadano que caminaba por su querida Atenas rodeado de discípulos, la mayoría de los cuales eran jóvenes de familias ricas. Sócrates sostenía que, para poder conocer, es necesario primero aceptar que no se sabe. El que cree que sabe no tiene deseos de saber. Por eso, la primera sabiduría es el reconoci­miento de la propia ignorancia. Él mismo se autodenominaba un ignorante. Pero esta­ba orgulloso de su ignorancia porque, según él, era una "ignorancia sabia". En efecto, Só­crates afirmaba que existen dos tipos de ignorancia: la ignorancia sabia y la ignorancia necia. La ignorancia sabia es la ignorancia consciente: implica saber que no se sabe. La ignorancia necia es la que se ignora a sí misma: no se sabe pero se cree saber. Todos los hombres somos ignorantes pues, frente a lo que nos falta saber, lo que ya sabemos es ínfimo. Sócrates se había propuesto una tarea en su vida: lograr que sus conciudadanos reconocieran su ignorancia y que se abrieran así a la posibilidad de conocer. Para ello, todos los días, dialogaba con los sabios de Atenas y con los sabios que venían de otras partes de Grecia. Les preguntaba: ¿qué es la virtud?, ¿qué es la justicia?, ¿qué es la ver­dad?, ¿qué es la belleza?, ¿qué es el amor? Y los sabios respondían con mucha seguridad sobre todos estos temas. Pero Sócrates no se conformaba con sus respuestas y seguía preguntando. Con esta serie de preguntas mostraba a su interlocutor las contradiccio­nes y los errores de sus argumentos. Hasta que éstos, vencidos, reconocían ignorar la respuesta correcta. ¿Les daba Sócrates la respuesta? No, porque él tampoco la tenía. Él simplemente les demostraba a sus conciudadanos y a los extranjeros ilustres que visi­taban Atenas, que sus opiniones se basaban en la costumbre y no en la razón y que eran incapaces de defender con argumentos correctos lo que consideraban bueno, justo o verdadero. Trataba, en suma, de poner en evidencia todo lo que había de infundado o de poco claro en las ideas aceptadas por sus semejantes.
Cuando Sócrates tenía ya setenta años, fue acusado ante los Tribunales de Atenas de "no creer en los dioses de la ciudad e introducir divinidades nuevas" y de "corromper a los jóvenes". Esta acusación fue presentada por tres ciudadanos atenienses: Anito, Licón y Meleto. El cargo de no creer en los dioses y de introducir nuevas divinidades no tenía fundamento, pues Sócrates nunca se mostró contrario a las creencias religiosas de su tiempo. Pero era una acusación grave que podía justificar la condena a muerte. El cargo de corromper a los jóvenes significaba acusar a Sócrates de apartar a los jó­venes del saber tradicional, de hacerlos dudar sobre la moral impartida por sus padres y desviarlos del camino correcto. (Se debe tener en cuenta que estos jóvenes ricos es­taban destinados a ser los dirigentes políticos de la ciudad.)
En su defensa, Sócrates negó la legitimidad de la acusación. Él estaba convencido de ha­ber beneficiado a los atenienses con su tarea. Consideraba que les había ofrecido un servicio, que los había alertado sobre la necesidad de reflexionar, de no dejarse llevar por creencias infundadas, de utilizar la propia razón para comprender el universo y la con­ducta de los hombres. Además, él no había enseñado ninguna doctrina en particular n había tenido intenciones políticas. Por todo eso, Sócrates se creía con derecho a un pre­mio en lugar de una condena. Creía que merecía el mismo trato dispensado a los ven­cedores de los juegos olímpicos, los cuales eran auténticos privilegiados en Atenas.El jurado dictaminó la condena a muerte. Según las costumbres de la época, Sócrates de­bía beber la cicuta, el veneno que le quitaría la vida. Sus discípulos y amigos le ofrecie­ron la posibilidad de escapar, de ir a vivir a otra ciudad griega. Pero Sócrates prefería la muerte al ostracismo. Además, si buscaba una salida de ese tipo, estaría traicionando to­da una vida consagrada a la filosofía. En el año 399 antes de Cristo, Sócrates murió en­venenado en compañía de quienes siempre estuvieron junto a él.

Fuente: G. Schujman, "filosofía y formacion ética y ciudadana", Ed Aique, Buenos Aires, 1999, pag 25-26.


Video:





domingo, 6 de julio de 2008

Unidad I: Introducción a la filosofía

Sentidos de la palabra "filosofía"

Veamos, en primer lugar, cuál es el senti­do etimológico de la palabra "filosofía". Es una palabra griega compuesta por: "filo" (philo) que significa "amor" o "deseo", y "Sofía" (sophía) que significa "sabiduría" o "saber". "Filosofía" quiere decir, entonces, "amor a la sabiduría".
Por su parte, "filosofo" (philósophos) es el "amante del saber" y se opone a "sabio" (sophós) que sería aquél que "posee el conocimiento". El filosofo, entonces, es quien desea saber porque es conciente de su ignorancia. El sabio, en cambio, no desea saber pues ya posee el saber. Pero, ¿existe alguien que sea sabio? Según le que afirmamos más arriba, el conocimiento humano es falible, imperfecto. Si esto es cierto, no existe un ser humano que pueda ser considerado sabio. Los seres humanos podemos ser filósofos pero no sabios.Filosofar es desear conocer. Y se desear aquella que no se tiene, aquello que falta Hay deseo porque hay carencia. Y si ya no hiciera falta filosofar, eso querría decir que carencia que constituye el desea se habría calmado. ¿Podemos librarnos del deseo? razonable pensar que no. Al ser imperfectos limitados, lo más probable es que nunca dejemos de sentir el deseo de saber.


¿Qué nos mueve a filosofar?

La pregunta "¿Qué nos mueve a filoso­far?" es también en sí misma una pregunta fi­losófica. En cuanto tal, no tiene una única respuesta. El filósofo alemán Karl Jaspers, en un pequeño libro titulado La filosofía, trata de responder a esta cuestión y señala tres mo­tivos por los cuales los seres humanos sienten la necesidad de filosofar.

1 El asombro:

Nues­tros ojos nos hacen ver el ma­ravilloso espectáculo del uni­verso del cual somos parte. Nuestra admiración por lo que nos rodea y por lo que nos re­sulta extraño nos lleva a que­rer conocer. En la admiración advertimos todo lo que no sa­bemos, descubrimos nuestra ignorancia: ¿Qué es todo esto que nos rodea? ¿De dónde viene? Nos preguntamos por aquello que oca­siona nuestro asombro, nuestra sorpresa.
2 La duda:


Tratamos de dar respues­ta a las preguntas suscitadas por nuestro asombro. Pero ni bien creemos satisfacernos con estas respuestas, surge en nosotros la du­da. Advertimos que todo conocimiento hu­mano es falible y desconfiamos de nuestro imperfecto saber. Lo que nos parecía obvio resulta luego ser falso. La duda aparece, en­tonces, cuando tomamos conciencia de la inseguridad e incerteza del conocimiento hu­mano. Por eso, ante cada aparente solución surge un nuevo problema y la posibilidad siempre latente del error.

3 Las situaciones límites:

Siempre estamos inmersos en alguna situación: tenemos que estudiar para un examen o estamos por salir con nuestros amigos o se nos presenta la oportunidad de realizar un viaje. Las situacio­nes son cambiantes y nos exigen respuestas variadas. Pero hay situaciones permanentes, que no cambian. Son situaciones fundamenta­les, definitivas, que revelan nuestros límites: no podemos no morir, no podemos no sufrir, no podemos no sentir angustia. Por lo general, somos conscientes de estar en una situación ­mite cuando vivimos momentos difíciles: la muerte de un ser querido, la enfermedad de alguien cercano, el amor no correspondido, el fracaso de un proyecto. La conciencia de nues­tros límites nos lleva a filosofar porque surge necesariamente en nosotros la pregunta por el sentido y el valor de la existencia humana.

Problemas de la filosofía

Si se revisa la historia de la filosofía, puede advertirse que las respuestas son muy variadas pero que las preguntas son, más o menos, las mismas. Los filósofos se distin­guen por sus respuestas pero se identifican por su deseo de saber. Las distintas preguntas que se formu­lan los filósofos han dado lugar a la constitu­ción de distintas ramas de la filosofía. Men­cionaremos algunas de ellas y señalaremos algunas de sus preguntas.

  • Metafísica:
¿Qué es la realidad? ¿Exis­te una realidad aparente y otra real? ¿Qué es lo aparente? ¿Qué es lo real? ¿Existe Dios? ¿Qué entendemos por Dios? ¿Cuáles son sus propiedades?
  • Teoría del conocimiento:
¿Qué es conocimiento? ¿Es posible conocer? Si es posible, ¿cuál es el alcance del conocimiento humano? ¿Qué es la verdad? ¿Cómo os saber cuándo estamos en presencia una verdad?
  • Antropología filosófica:
¿Qué es el hombre? ¿Es algo más que un animal conciente? ¿Posee alma? ¿Qué es lo que diferencia al hombre de los demás animales?
  • Ética :
¿Qué es el bien? ¿Qué es el mal? ¿Cómo debemos actuar? ¿Existen criterios objetivos para distinguir entre el bien y el mal?, ¿Existe algún fin al que tienda la vida humana?
  • Estética:
¿Qué es lo bello? ¿Qué es, feo? ¿Algo es bello porque nos agrada o agrada porque es bello? Los valores estéticos ¿son objetivos o subjetivos?
  • Filosofía de la ciencia:
¿Cuáles son las características principales del conocimiento científico? ¿La ciencia es la única forma de ac­ceder a la verdad? ¿En qué consiste la objetivi­dad científica? ¿Qué condiciones debe cumplir una teoría para ser considerada científica?
  • Filosofía política:
¿Qué es la política? ¿Qué relación existe entre ética y política? ¿En qué consisten las relaciones de poder en­tre los seres humanos? ¿Qué es lo que da le­gitimidad a un gobierno?


Fuente: G. Schujman "Filosofía y formación ética y ciudadana" ed Aique, Buenos Aires, 1999, pag 13-15.