viernes, 11 de julio de 2008

Unidad I Introducción a la filosofía: Sócrates


Sócrates

En la Grecia del siglo IV antes dé Cristo, más precisamente en Atenas, vivía un filósofo llamado Sócrates. Este hombre era un ciudadano que caminaba por su querida Atenas rodeado de discípulos, la mayoría de los cuales eran jóvenes de familias ricas. Sócrates sostenía que, para poder conocer, es necesario primero aceptar que no se sabe. El que cree que sabe no tiene deseos de saber. Por eso, la primera sabiduría es el reconoci­miento de la propia ignorancia. Él mismo se autodenominaba un ignorante. Pero esta­ba orgulloso de su ignorancia porque, según él, era una "ignorancia sabia". En efecto, Só­crates afirmaba que existen dos tipos de ignorancia: la ignorancia sabia y la ignorancia necia. La ignorancia sabia es la ignorancia consciente: implica saber que no se sabe. La ignorancia necia es la que se ignora a sí misma: no se sabe pero se cree saber. Todos los hombres somos ignorantes pues, frente a lo que nos falta saber, lo que ya sabemos es ínfimo. Sócrates se había propuesto una tarea en su vida: lograr que sus conciudadanos reconocieran su ignorancia y que se abrieran así a la posibilidad de conocer. Para ello, todos los días, dialogaba con los sabios de Atenas y con los sabios que venían de otras partes de Grecia. Les preguntaba: ¿qué es la virtud?, ¿qué es la justicia?, ¿qué es la ver­dad?, ¿qué es la belleza?, ¿qué es el amor? Y los sabios respondían con mucha seguridad sobre todos estos temas. Pero Sócrates no se conformaba con sus respuestas y seguía preguntando. Con esta serie de preguntas mostraba a su interlocutor las contradiccio­nes y los errores de sus argumentos. Hasta que éstos, vencidos, reconocían ignorar la respuesta correcta. ¿Les daba Sócrates la respuesta? No, porque él tampoco la tenía. Él simplemente les demostraba a sus conciudadanos y a los extranjeros ilustres que visi­taban Atenas, que sus opiniones se basaban en la costumbre y no en la razón y que eran incapaces de defender con argumentos correctos lo que consideraban bueno, justo o verdadero. Trataba, en suma, de poner en evidencia todo lo que había de infundado o de poco claro en las ideas aceptadas por sus semejantes.
Cuando Sócrates tenía ya setenta años, fue acusado ante los Tribunales de Atenas de "no creer en los dioses de la ciudad e introducir divinidades nuevas" y de "corromper a los jóvenes". Esta acusación fue presentada por tres ciudadanos atenienses: Anito, Licón y Meleto. El cargo de no creer en los dioses y de introducir nuevas divinidades no tenía fundamento, pues Sócrates nunca se mostró contrario a las creencias religiosas de su tiempo. Pero era una acusación grave que podía justificar la condena a muerte. El cargo de corromper a los jóvenes significaba acusar a Sócrates de apartar a los jó­venes del saber tradicional, de hacerlos dudar sobre la moral impartida por sus padres y desviarlos del camino correcto. (Se debe tener en cuenta que estos jóvenes ricos es­taban destinados a ser los dirigentes políticos de la ciudad.)
En su defensa, Sócrates negó la legitimidad de la acusación. Él estaba convencido de ha­ber beneficiado a los atenienses con su tarea. Consideraba que les había ofrecido un servicio, que los había alertado sobre la necesidad de reflexionar, de no dejarse llevar por creencias infundadas, de utilizar la propia razón para comprender el universo y la con­ducta de los hombres. Además, él no había enseñado ninguna doctrina en particular n había tenido intenciones políticas. Por todo eso, Sócrates se creía con derecho a un pre­mio en lugar de una condena. Creía que merecía el mismo trato dispensado a los ven­cedores de los juegos olímpicos, los cuales eran auténticos privilegiados en Atenas.El jurado dictaminó la condena a muerte. Según las costumbres de la época, Sócrates de­bía beber la cicuta, el veneno que le quitaría la vida. Sus discípulos y amigos le ofrecie­ron la posibilidad de escapar, de ir a vivir a otra ciudad griega. Pero Sócrates prefería la muerte al ostracismo. Además, si buscaba una salida de ese tipo, estaría traicionando to­da una vida consagrada a la filosofía. En el año 399 antes de Cristo, Sócrates murió en­venenado en compañía de quienes siempre estuvieron junto a él.

Fuente: G. Schujman, "filosofía y formacion ética y ciudadana", Ed Aique, Buenos Aires, 1999, pag 25-26.


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1 comentario:

mariela escaño dijo...

¿Por qué creen que Sócrates fue condenado a muerte?
¿Por qué creen que la acción de este filósofo tuvo tanta incidencia en su sociedad?
Teniendo en cuenta las acepciones del término "filosofía", ¿por qué puede asegurarse que Sócrates era un auténtico filósofo?