domingo, 27 de septiembre de 2009

Unidad III Filosofía política: Karl Marx: El hombre alienado

Karl Marx: el hombre es el mundo del hombre


Su interpretación de la Historia


Pocos filósofos han tenido tanta influencia en nuestra época como Karl Marx. Su pensamiento recorrió el mundo, inspirando ideológicamente la mayoría de los procesos revolucionarios del siglo XX (pensemos en las revoluciones de Rusia, la China y Cuba). Aún hoy se mantiene vigente, merced a la amplitud de su pensamiento, no sólo en Filosofía sino también en Sociología, Economía, Derecho, etc.
Sucede que Marx entendió la Filosofía como praxis (unión de crítica y acción) y no como pura teoría; recordemos si no una de sus frases más conocidas:
“Los filósofos se han limitado a interpretar el mundo de diversas maneras; de lo que se trata es de transformarlo” Tesis sobre Feuerbach, en F. Cañáis, Textos de los grandes filósofos: edad contemporánea, Herder, Barcelona, 1990, págs. 19 a 22, citado por Diccionario de Filosofía Herder.
Estas palabras significaron un giro en la Historia de la Filosofía, al darle a esta una finalidad práctica y política. La Filosofía debe comprometerse con la acción, no ser pura actividad teórica sino conducir críticamente los cambios que el mundo necesita para resolver los problemas del hombre. Cuando Marx habla de transformar el mundo se refiere a la sociedad capitalista de su tiempo, algunas de cuyas características eran las siguientes: obreros que trabajaban para sus patrones hasta lo horas diarias en condiciones casi de esclavitud, sueldos escasísimos que obligaban a su vez a trabajar a niños y mujeres que acababan de dar a luz, y marcadas diferencias sociales entre una minoría rica y la gran mayoría pobre.
Marx sostiene que el capitalismo es un orden social injusto, cuyas contradicciones internas se agudizarán como consecuencia de los conflictos y las luchas entre la burguesía, propietaria de los medios de producción, y los obreros que trabajan en sus fábricas. La consecuencia de esas luchas será el cambio revolucionario del orden social capitalista por uno nuevo que supere esas diferencias de clase: el socialismo y su etapa posterior, el comunismo. Sin embargo, el capitalismo no es producto del azar, sino una etapa necesaria en el curso del devenir histórico. Explicar esto nos obliga a remitir¬nos a la teoría mediante la cual Marx explica ese devenir: el materialismo histórico.
Según esta interpretación, en el desarrollo de la Historia el factor económico cumple un papel determinante en los cambios sociales. Hagamos ahora una breve síntesis ayudados por algunos conceptos ligados a esta doctrina.
Para Marx, toda sociedad tiene una base y una superestructura.
La base o el modo de producción son sus condiciones materiales, económicas y sociales; aquí distingue dos elementos:
a) las fuerzas productivas, que son instrumentos con los que se producen los bienes materiales y también las personas que los emplean para elaborarlos, y
b) en correspondencia con las anteriores se contraen determinadas relaciones de producción, dentro de las cuales se incluye la organización del trabajo, y las relaciones de propiedad, es decir, quién es el propietario de los medios de producción y quiénes son los que producen.
La superestructura está constituida por el sistema político, las leyes, y también la moral, la religión, la Filosofía, el Arte, la Ciencia, etc.
Entre base y superestructura hay una relación recíproca, es decir, los cambios en la base económica producen cambios en la superestructura, y a su vez los cambios superestructurales inciden en la base económica; pero es el modo de producción (la base), en última instancia, el que determina la organización política y el pensamiento de la sociedad.
La Historia progresa atravesando distintas fases, que se expresan en formas cada vez más complejas de organización económica y política de la sociedad. Cada tipo de sociedad representa un momento de progreso con respecto a la anterior, y en cada una de ellas hay dos clases sociales antagónicas: en la sociedad esclavista de la Antigüedad el antagonismo se produce entre ciudadanos libres y esclavos; en la sociedad feudal del Medioevo entre señores y siervos, y luego entre nobles y burgueses; finalmente, en la sociedad capitalista esa oposición es entre burgueses y obreros. Lo que da impulso a ese progreso son los cambios que se producen en la base como consecuencia de la lucha entre los pro¬pietarios de los medios de producción y quienes producen con ellos. Por eso, Marx ha dicho que la historia de la humanidad es la historia de la lucha de clases.
Ese devenir histórico no depende de la voluntad de los hombres, sino que está regido por leyes, leyes dialécticas. Esto significa que la Historia avanza en medio de contradicciones y negaciones, derribando las viejas formas de organización social y sustituyéndolas por otras nuevas.
De este modo, la sociedad capitalista no es producto de una libre elección humana sino un paso necesario en el desarrollo de la Historia. Marx reconoce que la burguesía ha jugado un papel revolucionario en el derribamiento de la sociedad feudal, al
darle impulso al comercio y con ello a la navegación y la extensión de vías ferroviarias; esto a su vez influyó en e! desarrollo de la industria, con el consecuente surgimiento de la clase obrera o proletariado. Pero como la lógica de la Historia resuelve las contradicciones mediante procesos violentos, el proletariado asumirá (como la burguesía en su momento contra los nobles) el rol histórico de destruir la sociedad capitalista e instaurar una nueva sociedad sin clases antagónicas.
Para Marx, entonces, la historia tiene un sentido; no es progreso indefinido como sostenían los pensadores de la Ilustración, sino movimiento y progreso que persigue un fin. Esta interpretación, si quiere ser comprendida de manera acabada, no puede desprenderse de su concepto de hombre, dado que ese fin de la Historia coincide con el reencuentro del hombre consigo mismo.

El hombre como ser histórico

Los conceptos de hombre que hemos expuesto hasta aquí lo definen con relación a determinaciones espirituales (animal racional, alma inmortal) o naturales (deseo de poder, bondad natural) y nos ofrecen de él una imagen universal y abstracta; es decir, válida para todo tiempo y lugar, y por eso ahistórica.

Marx, en cambio, hace hincapié en el carácter histórico del ser humano; en su análisis parte del hombre real, del individuo concreto que hace su propia historia:
La primera premisa de toda historia humana es, naturalmente, la existencia de individuos humanos vivientes. El primer estado de hecho comprobable es, por tanto, la organización corpórea de estos individuos y, como consecuencia de ello, su comportamiento hacia el resto de la naturaleza. No podemos entrar a examinar aquí, naturalmente, ni la contextura física de los hombres mismos ni las condiciones naturales con que los hombres se encuentran: las geológicas, las oro-hidrográficas, las climáticas y las de otro tipo. Toda historiografía tiene necesariamente que partir de estos fundamentos naturales y de la modificación que experimentan en el curso de la historia por la acción de los hombres.
Podemos distinguir al hombre de los animales por la conciencia, por la religión o por lo que se quiera. Pero el hombre mismo se diferencia de los animales a partir del momento en que comienza a producir sus medios de vida, paso este que se halla condicionado por su organización corporal. Al producir sus medios de vida, el hombre produce indirectamente su propia vida material [...] Tal y como los individuos manifiestan su vida, así son. Lo que son coincide, por consiguiente, con su producción, tanto con lo que producen como con el modo cómo producen [...] Marx, K., La ideología alemana, Barcelona, Grijalbo, 1970, págs. 19 y 20.
[...] el hombre no es ningún ser abstracto, agazapado fuera del mundo. El hom¬bre es el mundo de los hombres, el Estado, la sociedad. Marx, K., Contribución a la crítica de la filosofía del derecho de Hegel, en: Obiols, G., Problemas Filosóficos. Antología básica de filosofía,
Aparece aquí una idea fundamental: en el proceso histórico el hombre se crea a sí mismo, y el factor principal de ese proceso es su relación con la naturaleza. Para explicar esa relación, Marx introduce un concepto central de su teoría: el trabajo:
El trabajo es en primer término, un proceso entre la naturaleza y el hombre, proceso en que este realiza, regula y controla mediante su propia acción su intercambio de materias con la naturaleza. En este proceso, el hombre se enfrenta como un poder natural con la materia de la naturaleza. Pone en acción las fuerzas naturales que forman su corporeidad, los brazos y las piernas, la cabeza y la mano, para de ese modo asimilarse, bajo una forma útil para su propia vida, las materias que la naturaleza le brinda. Y a la par que de ese modo actúa sobre la naturaleza ex¬terior a él y la transforma, transforma su propia naturaleza [..,] Marx, K., El capital, México, FCE, 1973, pág. 130.
Mediante el trabajo, el hombre transforma la naturaleza, y al transformarla deja en ella su huella, manifiesta lo que es a través de ella. Esas transformaciones repercuten a su vez en el hombre: se crean nuevas con¬diciones de existencia que le plantean nuevas necesidades y lo llevan a modificar su relación con la naturaleza, y de ese modo a desarrollar otras potencialidades. De allí que, al modificar la naturaleza a través del trabajo, el hombre se modifica a sí mismo, se autorrealiza.
De las nuevas necesidades que emergen de esa relación, devienen las relaciones sociales. El núcleo primario de esas relaciones es la familia, pero a medida que se multiplican las necesidades también se van creando nuevas relaciones más amplias y complejas.
Como producto de las necesidades y las relaciones sociales que traen aparejadas, nace la conciencia, y con ella el lenguaje como su manifestación práctica imprescindible de comunicación humana. Para Marx, no hay de antemano conciencia "pura"; la conciencia es un producto social que al principio es gregaria, pero "se desarrolla y perfecciona después, al aumentar la producción, al incrementarse las necesidades y al multiplicarse la, población, que es el factor sobre el que descansan los dos anteriores" (Marx, K., Op. cit., pág. 212).
Con el desarrollo de la conciencia y la consolidación de las relaciones sociales se produce la división del trabajo, que al principio es una división natural de acuerdo con las necesidades y las aptitudes físicas de los individuos, pero "sólo se convierte en verdadera división a partir de! momento en que se separan el trabajo físico y el intelectual" (Op. cu., pág. 213).
La división del trabajo flene diversas consecuencias: la distribución desigual del trabajo y los bienes producidos y ligada a esto la aparición de la propiedad privada, la formación de clases sociales con sus conflictos de intereses y luchas y la aliena¬ción del hombre. De esta última -que no está, por supuesto, desligada de las otras-nos ocuparemos en el siguiente apartado.

El hombre alienado

No es posible para Marx comprender el concepto de hombre como ser activo y productivo si no se lo vincula con el concepto de alienación (o su sinónimo: enajenación).
"Alienado" proviene del latín alienus y significa "darle a otro algo que es propio". Marx adoptó el concepto por influencia de dos filósofos alemanes: Friedrich Hegel y Ludwig Feuerbach.
En Feuerbach el concepto aparece vinculado a la crítica de la religión. En su obra La Esencia del cristianismo, sostiene que no es Dios quien crea al hombre, sino el hombre el creador de Dios. Al crear a Dios, el hombre proyecta en él sus cualidades y deseos, le otorga objetividad, se le somete y lo venera. La alienación es, entonces, religiosa, porque el hombre coloca en un ser divino sus características específicas, su esencia. Según Feuerbach, sólo cuando el hombre tome conciencia del carácter enajenante de las ideas religiosas podrá terminar con la alienación, y recuperar así su condición de libre productor y dueño de sus creencias.
Para Feuerbach la alienación se reduce a un problema de conciencia; por lo tanto, para cambiar la realidad habrá que cambiar la conciencia. Según Marx, la crítica feuerbachíana de la religión hace abstracción del proceso histórico y presupone un hombre aislado y abstracto. No es suficiente cambiar la mente del hombre porque el hombre no es sólo conciencia; es un individuo concreto y, por ende, para que desaparezca la alienación hay que transformar al hombre en sus relaciones concretas.
Si bien no desconoce la existencia de una alienación de carácter religioso, para Marx la alienación es centralmente económica. Con el desarrollo de la división del trabajo y la propiedad privada, el trabajo deja de ser expresión de las potencialidades creadoras del hombre; el producto de su trabajo ya no le pertenece sino que se manifiesta como algo extraño, ajeno a él, que se le opone como un poder autónomo y lo domina. En el trabajo alienado, el proceso de producción no existe en función del hombre, sino el hombre en función del proceso de producción. El trabajo, al convertirse en trabajo alienado, deja de ser un proceso de auto-rrealización humana y se convierte en un medio de subsistencia, alejándolo de su vida como especie y acercándolo a los animales.
Aunque la enajenación en el trabajo existe a lo largo de la Historia, llega a su punto más alto en la sociedad capitalista. Dentro de ella el obrero es el más alienado porque depende del capitalista que lo emplea, al igual que a la maquinaria, como un instrumento para ganar dinero. Cuando Marx habla de las condiciones de explotación en dicha sociedad, no sólo se refiere a la desigual distribución del ingreso, sino y principalmente, a un modo de producción que destruye al hombre y lo esclaviza -tanto al obrero como al capitalista- a las cosas que él mismo ha creado (por ejemplo: el 'hombre se somete al Estado, a otros hombres, al dinero, etc.).
Ahora bien, siendo la clase obrera la más enajenada, no sólo asume en la Historia el papel de su propia emancipación, sino también de emancipar a toda la humanidad de la enajenación. La eliminación de la propiedad privada de los medios de producción y la consecuente servidumbre que genera serán los primeros pasos para la instauración de una sociedad en la que el hombre sea un fin en sí mismo y no un medio para realizar un fin; una sociedad en la que la Ubre actividad le permita recuperar al hombre su capacidad de autorrealización. Para terminar, citemos una frase de Erich Fromm:
“Para Marx la historia de la humanidad es una historia del desarrollo creciente del: hombre y, al mismo tiempo, de su creciente enajenación. Su concepto de socialismo es la emancipación de la enajenación, la vuelta del hombre a sí mismo, su autorrealización”.
Fromm, Erich, Marx y su concepto del hombre, México, FCE, 1984, pág. 55.

Fuente: Claudio Arca, FILEC II, Kapelusz, Buenos Aires, 2000



3 comentarios:

Anónimo dijo...

Muy buen resumen del pensamiento marxista en torno al hombre. Te voy a citar en un artículo que estoy escribiendo sobre marxismo y mercado de trabajo.

mariela escaño dijo...

Estimado "anónimo" yo no escribí el artículo de Marx, abajo dice FUENTE, en este caso, Claudio Arca, FILEC II, Kapelusz, Buenos Aires, 2000. Este blog es para alumnos de la secundaria, se trata de un compilado de recursos que subo para ellos, como complemento de las clases presénciales.

saludos cordiales

ArmaTuMente dijo...

Muchas gracias por publicar este articulo.
Tengo pensamientos cercanos a Marx y me permitiste ordenar ideas para dar una catedra sobre Marx(Osease, ordenar las ideas que tenia y agregar nuevas).
Y muchas gracias por crear el blog, soy estudiante de secundaria y me servira de mucho consultarlo.