domingo, 27 de septiembre de 2009

Unidad III Filosofía política: Jean Jacques Rousseau: El hombre es naturalmente bueno

Jean Jacques Rousseau: El hombre es naturalmente bueno




Rousseau (1712-1778) fue un filósofo de la Ilustración; sin embargo, disintió con algunas de las ideas de este movimiento, en particular no creía -como el resto de los pensadores ilustrados- que el conocimiento redundara en progreso y bienestar para los hombres. Así lo manifestó en su Discurso sobre las ciencias y las artes, donde realizó una severa crítica a la civilización, al sostener que las costumbres de los hombres se van corrompiendo a medida que aumentan sus conocimientos. En la misma orientación se ubica su Discurso sobre el origen de la desigualdad entre los hombres, donde afirmó que todos los males del hombre los origina la sociedad; el hombre es naturalmente bueno, la sociedad lo corrompe.
-->Precisamente en esta segunda obra, Rousseau reflexionó acerca del hombre en estado de naturaleza contraponiéndolo a la situación del ser humano en las sociedades civilizadas. Rousseau se imaginó al hombre en estado de naturaleza como un ser libre que, sin trabajo ni hogar, toma de la tierra lo que necesita para vivir: “(…) Lo veo saciándose bajo una encina, aplacando su sed en el primer arroyo y hallando su lecho al pie del mismo árbol que le ha proporcionado el alimento; he ahí sus necesidades satisfechas (…)”. (Rousseau, J. J., Discurso sobre el origen de la desigualdad entre los hombres, Madrid, Espasa-Calpe, 1923, pág. 46.)
A continuación lo diferencia del animal en los siguientes términos: “(…)Dispersos entre ellos [es decir, los animales], los hombres observan, imitan su industria, elevándose así hasta el instinto de las bestias, con la ventaja de que, si cada especie sólo posee el suyo propio, el hombre, no teniendo acaso alguno que le pertenezca, se los apropia todos, se nutre igualmente con la mayor parte de los alimentos que los otros animales se disputan.(…)”Ob. cit., pág. 46.
Además, como se vale de su cuerpo para enfrentar las diversas situaciones en las que se ve expuesto, el hombre natural es necesariamente fuerte y ágil; estas cualidades lo aventajan ante el hombre civilizado. [...] Si hubiera tenido hacha, ¿habría roto con el puño tan fuertes ramas? Si hubiese tenido honda, ¿lanzaría a brazo con tanto fuerza las piedras? Si hubiera tenido escalera, ¿treparía con tanta ligereza por los árboles? Si hubiese tenido caballos, ¿sería tan rápido en la carrera? Dad al hombre civilizado el tiempo preciso para reunir todas esas máquinas a su derredor; no cabe duda que superará fácilmente al hombre salvaje. Mas si queréis ver un combate aún más desigual, ponedlos desnudos y desarmados frente a frente, y bien pronto reconoceréis cuáles son las ventajas de tener continuamente a su disposición todas sus fuerzas, de estar siempre preparado para cualquier contingencia y de conducirse siempre consigo, por así decir, todo entero. Ob. cit., pág. 47 y 48
Por otra parte, afirma que la vida del hombre es más saludable en estado de naturaleza que en la civilización. Mientras el hombre en estado de naturaleza debe enfrentar sólo las heridas y la vejez, en la civilización se ha proporcionado a sí mismo más enfermedades, que remedios le puede brindar la medicina: La extrema desigualdad en el modo de vivir, el exceso de ociosidad en unos y de trabajo en otros, [...] los alimentos tan apreciados de los ricos, que los nutren de sustancias excitantes y los colman de indigestiones; la pésima alimentación de los pobres [...] las vigilias, los excesos de toda especie [...] los pesares y contrariedades que siente en todas las situaciones, los cuales corroen perpetuamente el alma: he ahí las pruebas funestas de que la mayor parte de nuestros males son obra nuestra, casi todos los cuales hubiéramos evitado conservando la manera de vi¬vir simple, uniforme y solitaria que nos fue prescrita por la naturaleza. Ob. cit., págs. 47 y 48.
Además, el hombre "salvaje" no sólo vive en paz con la naturaleza sino también con los otros hombres, con quienes a veces tiene pequeñas disputas por alimento. En la civilización las cosas son muy distintas: el hombre se vuelve ambicioso y violento “(…) Trátase primero de proveer a lo necesario y después a lo superfluo; luego vienen los placeres y después las riquezas inmensas, y después los esclavos. No hay un solo momento de reposo, y lo mas singular es que cuanto menos urgentes son las necesidades más aumentan las pasiones y peor todavía, el poder de satisfacerlas; de modo que, después de prolongadas prosperidades, después de haber devorado enormes tesoros y arruinado a multitud de hombres, mi héroe acabará por destruir todo hasta que sea el dueño del universo (…)” Ob. cit., pág. 152.
Para Rousseau el estado de naturaleza es bondad, felicidad, espontaneidad, donde cada uno se basta a sí mismo. Sin embargo, el hombre comienza a romper con la vida natural cuando aparece la propiedad privada, y con ella la sociedad civil y todos sus males:
“(…) El primer hombre a quien, cercando un terreno, se le ocurrió decir estoes mío y halló gentes bastantes simples para creerle fue el verdadero fundador de la sociedad civil. ¡Cuántos crímenes, guerras, asesinatos; cuántas miserias y horrores habría evitado al género humano aquel que hubiese gritado a sus semejantes, arrancando las estacas de la cerca o cubriendo el foso: "¡Guardaos de escuchar a este impostor; estáis perdidos si olvidáis que los frutos son de todos y la tie¬rra, de nadie!" (…)”
Como puede observarse en los párrafos citados, Rousseau realizó una reivindicación extrema de la vida del hombre en estado de naturaleza, en detrimento de la vida en la sociedad civilizada. Pero si bien en su Discurso sobre la desigualdad nos propone una vuelta a la naturaleza, en sus obras posteriores reconoce la imposibilidad de retornar a ese estado originario. Sin embargo, en su Contrato social propone instaurar una sociedad que compatibilice libertad e igualdad individuales -propias del estado de naturaleza- con autoridad y obligación propias de la asociación. Según Rousseau esto es posible si los hombres celebran un contrato mediante el cual constituyan un Estado que, representando la voluntad general, potencie la libertad individual. Al igual que para Hobbes, su concepto de hombre está directamente relacionado con su proyecto político. Pero a diferencia de aquel, no se trata de instaurar un Estado autoritario que someta a los individuos a su voluntad, sino un Estado democrático que permita el libre desarrollo de la personalidad humana. Mientras el pensador inglés consagró con sus ideas el orden existente, el ginebrino propuso un cambio revolucionario, de allí que sus ideas inspiraran junto a las de otros pensadores la Revolución Francesa de 1789.

Fuente: Claudio Arca, “Filosofía y formación ética y ciudadana II”, editorial Kapeluzs, Buenos Aires, 2000.


1 comentario:

annie dijo...

pienso, luego existo.
rené descartes