martes, 6 de diciembre de 2011

Unidad IV: Ética


Dilemas éticos

Si la Ética trata del obrar humano, debe­mos detenemos a analizar nuestras acciones Cuando nos detenemos a reflexionar cómo resolver una situación que se nos presenta conflictiva, y pensamos en todas las vías posibles de solución, y en las consecuencias de cada una de ellas, hace­mos un proceso deliberativo. Este análisis nos ayuda a tomar la decisión que resuel­ve el conflicto.

Las consecuencias que se derivan de ca­da camino a seguir se llaman considera­ciones, y una de ellas, la que preferimos, será el criterio de nuestra acción.

Pensemos en la siguiente situación: “ Se acerca un chico a pedirnos una moneda”

¿Qué conducta debo seguir?

Supongamos que elegimos la op­ción de darle las monedas aunque no le al­cance para mucho, aunque alguien se las quite y aunque no se quede muy tranquila: lo hacemos porque simplemente pensamos que es­tá bien ser solidario.

Esta consideración que guía la acción es el criterio. preferimos ser solidarios, y por lo tanto dar las monedas.

Si en cambio hubiéramos elegido dar las monedas para quedarnos tranquilos con nuestra conciencia, este sería el criterio de la acción: la tranquilidad interior.

Cuando elegimos entre una opción u otra estamos haciendo uso de nuestra libertad.

Cuando adoptamos un criterio, es decir la consideración que se nos presenta con más fuerza, la que preferimos, estamos manifestando un valor. Los valores nacen de nuestra libertad, de poder elegir de acuerdo con nuestras pre­ferencias, elegir lo que creemos más con­veniente según la situación, entre lo que resulta bueno o malo, decir la verdad o mentir, quedarse tranquilo o sentirse culpa­ble, comprometerse con los demás o ser indiferente.

Reflexionemos a partir de la obra Antes del fin de Ernesto Sabato donde relata varias situaciones en las que tuvo que tomar decisiones que resultaban claves para su vida, y también para la de sus seres queridos.

En el Laboratorio Curie, en una de las más altas metas a las que podía aspirar un físico, me encontré vacío de sentido. Golpeado por el descreimiento, seguí avan­zando por una fuerte inercia que mi alma rechazaba.

[...] yo estaba fatalmente desgarrado entre lo que había significado para mí esa vocación, a la que había sacrificado años, y la incierta pero invencible presencia de un nuevo llamado. Momento pendular en que ya no encontramos la identidad en lo que fuimos.

En tinieblas volví a Buenos Aires. La decisión estaba tomada en mi espíritu, pero debía arraigarse en la lucha con quienes me tentaban con puestos importantes y me agobiaban con su certeza de la trascendente misión que yo debía a la física. [...]

Hice ese tránsito, como un puente que se extendiera entre dos colosales monta­ñas, por momentos mareado y sin saber lo que estaba haciendo, y en otros, en cambio, con el gozo irrefrenable que acompaña al nacimiento de toda gran pa­sión. [...]

Cuando a principios de la década del cuarenta tomé la decisión de abandonar la ciencia, recibí durísimas críticas de los científicos más destacados del país. [...]

Acompañado por Matilde y Jorge, de cuatro años, me fui a vivir a las sierras de Córdoba, en un rancho sin agua corriente ni luz eléctrica, en la localidad de Pantanillo. Bajo la majestuosidad de los cielos estrellados, sentí cierta paz.

Indudablemente, la decisión que tomó Ernesto Sabato cambió radicalmente su vida. Las posibilidades que se abrían ante él eran seguir investigando como físico matemático o abandonar la ciencia y dedicarse al arte.

El escritor eligió la segunda opción y, por lo que nos cuenta, podemos deducir que el criterio que guió su acción fue hacer lo que realmente sentía. Privilegió ser au­téntico consigo mismo y este es el valor que manifestó su decisión.



Fuente: Arca C,“Filosofía y formación ética y ciudadana I”, Ed Kapelusz, Bs.As, 2000.


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